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07/03/10 12:00h
Jornada 28
Alicante
Terrassa
21
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  Equip PJ Pts
18 València Mest. 28 21
19 Gavà 28 17
20 Terrassa 28 14
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La dignidad del Terrassa
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Tras casi medio año siendo una sociedad limitada y de continuas maniobras basadas en la mentira y el engaño que han malmetido su imagen, el Terrassa Futbol Club está tocado de muerte. La sentencia sobre la liquidación del Terrassa Futbol Club SAD, que a fecha de 29 de junio de 2009 otorgaba los derechos federativos a T F C Sports SL, se ha visto que no fue la acertada. Es la primera vez que un club de fútbol de Segunda B es gestionado por una sociedad limitada, una naturaleza jurídica que la legislación deportiva no permite, en principio, pero que se ha aceptado con tal que cambie en pocos meses a club social o a sociedad anónima deportiva.

La preocupación es alta y la inquietud no es escasa ante la evidencia que el Terrassa ha sido empujado por los acontecimientos a un precipicio, a una situación crítica de la que será difícil salir, que mantiene enfrentados a los propietarios de T F C Sports SL y a la masa social, la afición y la ciudad, que piden que el Terrassa vuelva a ser de los socios. A algunos les puede parecer que la indiferencia es una forma de apoyo y no de desacuerdo, pero en realidad es muestra del desencanto causado por un proyecto que se vendía ambicioso y que ha resultado ser un campo de experimentación fracasado.

El Terrassa, ahora, ni siquiera tiene presidente. Se trata de una situación inédita en la centenaria historia del club egarense. De las tres personas que empezaron en el mes de junio, sólo quedan dos, puesto que Kiko Sánchez presentó su dimisión como presidente el 28 de octubre, después de acusar a Manel Ferrer de la gestión que había llevado al Terrassa al pozo de la clasificación.

Los trabajadores de la entidad llevan meses sin cobrar sus nóminas, y las condiciones de vida de algunos se empiezan a resentir. También se resiente el apartado deportivo, que, pese a estar mal planteado desde un inicio a consecuencia de un proyecto improvisado sin pies ni cabeza, necesita de futbolistas con alimentaciones adecuadas y condiciones de vida dignas, condiciones que ahora, como en otros momentos de la temporada, empiezan a carecer. Y lo que más daño hace, seguramente, son las deudas con Pepe Mármol, un hombre lleno de carisma y con más de treinta años en las espaldas sirviendo al Terrassa; un hombre trabajador como quien más y terrassista como bien pocos. No es tolerable maltratar a una persona que lo ha dado todo por unos colores a los cuales ha dedicado la vida.

No parece haber ninguna salida con la sociedad limitada y, aún menos, mientras sean sus propietarios quienes gestionen el club a la vez que mantienen un vacío de poder. La fractura social es evidente, tanto afición como jugadores ya no confían en los amos y, éstos, están solos. Y son ellos quienes tienen la llave para abrir la puerta a quien llama por el otro lado pese a que ahora sólo se escuche el silencio.

Hay preocupación en el Terrassa y hace falta que toda la ciudad lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por soportar las acciones, las obscuras gestiones, las falsas palabras, que no sólo han conducido al Terrassa al pozo de la clasificación sino que han recortado la dignidad de trabajadores y aficionados.

No nos confundamos, el dilema real es adelantar o estancarse; la aceptación de la voluntad general y de lo que la situación del club requiere, o el bloqueo, el alargamiento de una agonía que no conduce a ninguna parte. No sólo está en juego quién está al frente del Terrassa, está en juego el sentimiento terrassista: aquel espíritu que ha hecho posible que la historia del Terrassa se vaya construyendo desde el 1906 y superando los momentos más difíciles. Hay motivos serios para la preocupación, puesto que no se saben qué intenciones tienen los propietarios con el Terrassa, si quedárselo, venderlo o hacerlo desaparecer. Unos propietarios que como responsables de la empresa tienen unas responsabilidades con aquello que firmaron y que, como personas, tienen la obligación de cumplir, de una vez por todas, con sus compromisos y palabras. Pacta sunt servanda. Lo pactado obliga.

Los abonados pagan sus carnés (sin tener ningún privilegio de voz ni de voto); contribuyen con sus ánimos a dar fuerzas al equipo de la camiseta roja cuando los partidos se ponen difíciles; velan por el bien de una entidad centenaria que, lejos de ser querida por toda la ciudad, se encuentra con enemigos que quienes desprecian al Terrassa crean; son la base del Terrassa Futbol Club, el motivo de su existencia. Y ahora deben ser los socios quienes jueguen el papel principal en el club, un club de ciudad y con proyectos adecuados a la realidad que vive. Un club, en manos de los socios, al que no se debe permitir caer en errores del pasado ni buscarse enemigos entre los aliados. Un club que supere las barreras y los muros construidos en los últimos años con clubes, instituciones, empresas y personas.

Estos días, los seguidores del Terrassa piensan, sobre todo, en la dignidad del Terrassa; conviene que se sepa. Y esta dignidad, lo que queda, está en manos de Manel Ferrer y Jesús Fernández. Son ellos quienes deben aceptar la realidad y tomar la decisión que más convenga al Terrassa.

Esperamos que Manel Ferrer y Jesús Fernández decidan atendiendo a las circunstancias de la entidad que tienen a sus manos –que no es sino la demanda de un club social–, recordando que el fútbol no puede ser nunca un negocio ni permite jugar con sentimientos, porque los sentimientos son algo inseparable del fútbol. Que nadie se confunda, ni malinterprete las contradicciones del Terrassa de hoy. Que nadie yerre el diagnóstico, por muchos que sean los problemas, las desafecciones y las contrariedades. Que cada vez vaya menos gente al Estadi Olímpic, que no se llegue a los mil socios, que el silencio y un aparente pasotismo predominen, no quiere decir que no haya personas que quieren al Terrassa y que estén dispuestas a liderar un nuevo proyecto, un proyecto de ciudad. No estamos ante un club, una afición y una ciudad débiles, dispuestos a asistir impasibles al menoscabo de su dignidad. No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en que Manel Ferrer y Jesús Fernández tomarán la decisión correcta. Si es necesario, la gente que quiere al Terrassa volverá a articular la legítima respuesta de una afición fiel como es la del Terrassa FC y de una ciudad responsable como es Terrassa.

Este manifiesto ha sido elaborado por terrassafc.cat, que lo firma junto con las personas o grupos que a título individual se han adherido vía facebook.

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